Frase del día

“Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión. La gente tiene que aprender a odiar, y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar. El amor llega de forma más natural al corazón humano que su contrario”.

Nelson Mandela

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El negocio de la comida

Entrevista a la investigadora Esther Vivas, autora de “El negocio de la comida”

“Es fundamental reeducarnos en lo que comemos y cómo lo comemos”

Lucía Villa
Público.es

Llenar la nevera, más allá de calmar estómagos, puede resultar a veces un práctico ejercicio para remover conciencias. Esta es en parte la sensación que queda después de leer El negocio de la comida (Icaria editorial, 2014), un exhaustivo ensayo de la periodista e investigadora Esther Vivas, que desgrana una a una las devastadoras y en la mayoría de casos ignoradas consecuencias de nuestros hábitos de alimentación. Desde la especulación en el precio de los alimentos básicos como el trigo o el arroz, hasta las condiciones laborales de las agricultoras… un recorrido de la tierra al plato por el que la autora denuncia los impactos que el sistema del agronegocio tiene sobre la sociedad, la economía, la salud, el medio ambiente, la igualdad o la pobreza, y en el que, pese al panorama desesperanzador, se exponen modelos de alternativas viables.

En ‘El negocio de la comida’ denuncia todas las consecuencias que arrastra un sencillo alimento. Después de leerlo da la sensación de que uno no puede salir a comprar sin contribuir a empobrecer ciertos países, contaminar el medio ambiente, enriquecer a especuladores o enfermarse… ¿De verdad es posible un consumo de alimentos responsable?

Evidentemente cuando uno analiza en profundidad el modelo agroalimentario y mira a las entrañas de ese sistema dominado por la agroindustria y los supermercados, a veces puede generar una situación de impotencia por los impactos tan negativos. Desde mi punto de vista lo que es fundamental es tener la información. Tener otras miradas a este sistema agroalimentario y a partir de ahí poder forjar un criterio propio para, a partir de la información, pasar a la acción. Necesitamos datos para poder decidir por nosotros mismos. El libro trata de analizar en profundidad la cara oculta de este modelo agroalimentario para indignarnos y poder plantear alternativas al mismo.

Da la impresión, por la dimensión de lo que cuenta, que un cambio de modelo tardaría mucho en llegar…

Yo creo que se pueden empezar a cambiar las cosas aquí y ahora. Una vez conocí a una persona que me decía que cuanto más conozco el funcionamiento de los supermercados y la gran distribución, menos compro en ellos. Nuestra toma de conciencia implica cambios en nuestra vida cotidiana, siempre en función de nuestras inquietudes y necesidades, claro. Pero otras prácticas en el consumo se pueden llevar a cabo. Muchas ya funcionan. Experiencias de grupos y cooperativas de consumo, huertos urbanos, consumo ecológico son iniciativas en auge hoy en día y que demuestran que otros modelos son posibles.

En su libro señala un beneficiario claro del mercado alimentario: las multinacionales y grandes empresas. Es innegable su responsabilidad, pero ¿qué hay de los Gobiernos? ¿Por qué no se están haciendo las normativas adecuadas?

En definitiva lo que vemos es que la administración actúa al servicio de los intereses del agronegocio y los supermercados. La dinámica de puertas giratorias que vemos en otros ámbitos como el energético, también se da en la agricultura y la alimentación. Sin ir más lejos, la actual directora de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria, la señora Ángela López de Sá Fernández, estuvo durante diez años en la directiva de Coca Cola. Hay un claro conflicto de intereses entre quien está al frente de una Agencia que tiene que cuidar de nuestra seguridad alimentaria y que viene de una empresa privada que utiliza algunos aditivos alimentarios en sus productos que dejan mucho que desear.

¿Y al resto de la sociedad, nos importa lo que comemos?

Lo que vemos en el contexto de crisis del sistema político y económico actual es que a pesar de que tomamos conciencia de la supeditación de las políticas sociales y económicas a los intereses de la banca y el poder económico, no sucede lo mismo con el análisis que hacemos de lo que comemos. La lógica de la usura que impera en las políticas relacionadas con el uso de la vivienda, por ejemplo, que cuentan con el apoyo de la mayor parte de la clase política, es la que también se da en las políticas agroalimentarias. En definitiva se mercantilizan derechos y necesidades básicas, ya sea acceso a la vivienda, a la salud, a la educación o a los alimentos.

Muy a menudo se señala a EEUU cuando hablamos de hábitos de alimentación poco saludables. En España siempre se ha aplaudido la dieta mediterránea. Es un país donde a las cadenas de comida rápida les cuesta más asentarse, no gustan tanto. Sin embargo los índices de obesidad infantil no dejan de crecer. Un 20% de los niños españoles son obesos. ¿Qué está pasando en España?

La dieta mediterránea se ha visto sustituida poco a poco por un modelo de alimentación fast food, con azúcares añadidos, grasas saturadas y alimentos procesados que tienen un impacto negativo en nuestra salud. Además esto se ha agudizado con la crisis económica, en la que la pérdida de poder adquisitivo de muchas familias ha llevado a gastar más en comida, pero a comer menos y de peor calidad. Varios estudios evidencian cómo alimentos congelados, bollería, etc., han aumentado su consumo en los últimos tiempos de crisis.

Esto es curioso, porque, aunque la carne y el pescado sí son más caros, otros muchos productos no. Un paquete de lentejas, por ejemplo, es más barato y alimenta a más personas, además de ser más sano, que una pizza congelada.

Sí, yo creo que aquí hay dos elementos. En primer lugar si cogemos una cesta de la compra más saludable, donde no sólo haya fruta y verdura, sino también pescado, carnes, leche, etc. y lo comparamos con una cesta de productos congelados, con bollería, helados, ésta sale más barata, según un informe reciente publicado en Reino Unido. Pero sí que es cierto que se podría comer bien gastando menos. Lo que pasa a menudo es que no sabemos, no nos han enseñado a cocinar ni a comer de una manera saludable. Y muchas veces hay una tendencia a comprar alimentos procesados porque consideramos que son mejores y porque son los más fáciles y rápidos de cocinar. Desde este punto de vista, yo creo que es fundamental una cierta reeducación en lo que comemos y cómo lo comemos. Aquí se ve también una clara cuestión de clase social vinculada a nuestra alimentación. En general, las familias con menos recursos tienden a tener una alimentación de menor calidad, por una cuestión económica, pero también por un elemento educativo, cultural, de no valorar la alimentación.

Sin embargo la gastronomía vive un momento álgido. Por todos lados hay programas y concursos televisivos sobre cocina, blogs de recetas, guías de restaurantes, rutas y ferias. Cocinar está de moda… ¿Esto puede ayudar a cambiar los hábitos de una sociedad?

Bueno, se han puesto de moda unos determinados shows culinarios, pero que se quedan en el espectáculo y no profundizan en la educación ni en unos criterios saludables para nuestra alimentación. Pero sí que es cierto que en la sociedad ha ido creciendo el interés por preguntarse qué comemos, o en apostar por una alimentación de más calidad, pero acostumbra a ser un interés de determinadas clases sociales, personas con ciertos estudios, que tienden a invertir y a apostar por una comida de calidad, pero no es una tendencia que llegue al conjunto de la población. Porque depende más de una inquietud individual que de unas políticas activas por parte de la administración. El reto está en que este cuestionamiento del modelo agroalimentario que empieza a aflorar en algunos sectores sea accesible al conjunto de la población, fruto de unas políticas que promocionen el comer bien.

Una propuesta: imaginémonos que todos los comedores colectivos públicos apostasen por una alimentación ecológica, de proximidad campesina, en las escuelas, universidades, centros de salud, hospitales, etc. Todo esto nos permitiría no sólo comer bien, sino reactivar el sistema productivo campesino a escala nacional y por lo tanto sería una apuesta tanto a nivel social como económica.

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Documental “Consumo: el imperio de los sentidos” – Documentos TV

Cada día recibimos miles de estímulos publicitarios y tomamos decisiones de compra pero… ¿Somos libres al tomar esa decisión? ¿Nos guía la razón al inclinarnos por un determinado producto? ¿Qué hacen marcas y tiendas para atraernos? ¿Cómo se activa el llamado botón de compra?  Un documental producido íntegramente por TVE que trata de dar respuestas a algunas de estas preguntas, y que nos muestra cómo se diseñan las estrategias de marca y empresa y cuál es el impacto que tienen en el consumidor.

Para ver el documental pinche aquí.

Dos años viviendo sin generar basura

Lauren Singer, una neoyorkina de 23 años, no genera basura desde hace dos años. Cuando cursaba estudios de Medio Ambiente en la Universidad de Nueva York empezó a tomar conciencia de la cantidad de plásticos y envases que se consumen a diario y que aumentan nuestra huella en el planeta.

Empezó a buscar información sobre cómo vivir sin generar tantos desechos y la encontró en la iniciativa que habían puesto en marcha Bea Jonhson y familia, Zero Waste Home. Y así descubrió la filosofía Zero Waste Life y pensó que si una familia de cuatro personas podía vivir sin generar basura, ella que vivía sola cómo no iba a poder. Solo requeriría un poco de disciplina y un cambio de hábitos, como ha contado ella misma:

“Dejé de comprar productos envasados y comencé a llevar mis propias bolsas y tarros para llenarlas con productos a granel en el supermercado. Dejé de comprar ropa nueva y comencé a comprar sólo cosas de segunda mano. En relación al cuidado e higiene personal, aprendí a preparar mis productos de limpieza y belleza. Reduje significativamente mis posesiones al vender, donar o regalar las cosas superfluas de mi vida tales como 10 pares de jeans que no había usado desde la secundaria y un montón de artículos decorativos que no tenían ningún significado para mí”

Comenzó a decir NO a bolsas de plástico o papel en tiendas y a recibos. El proceso le duró más de un año y requirió mucho esfuerzo, pero insiste en que su vida ha mejorado en muchas cosas desde que es “una persona libre de basura”:

Ahorra dinero por que ahora va con una lista al supermercado. Además, como compra alimentos a granel no paga por el embalaje. Y en cuanto a su ropa, como la compra de segunda mano, también la consigue a un precio muy rebajado.

Se alimenta mejor. Afirma que desde que compra alimentos no envasados, sus opciones de comida no saludables es muy limitada. Por el contrario, se alimenta de muchas frutas y verduras, granos enteros a granel y legumbres. Adquiere comida local de temporada en mercados de agricultores, que ofrecen productos no envasados.

Y es más feliz. “Ahora, una típica semana en mi vida -dice- incluye un viaje al supermercado para comprar todos los ingredientes que necesito. Y no sólo alimentos, también productos de limpieza y cuidado personal, dado que todas las cosas que uso ahora pueden hacerse con ingredientes simples y cotidianos. No solo es más fácil y libre de estrés, también es más saludable ¡Sin químicos tóxicos!”.

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Documental  “Finanzas Éticas” – Documentos TV

La economía social y solidaria se está dotando de sistemas financieros alternativos acordes con sus valores. En los últimos años, se está produciendo un aumento progresivo de personas que prefieren el beneficio social antes que el monetario y deciden confiar sus ahorros a las entidades que les dicen en qué y para qué usan su dinero. Tríodos Bank, FIARE-Banca Ética o Coop57 son una opción alternativa a la banca convencional para aquellas personas y organizaciones que buscan un uso responsable de su dinero acorde con sus valores.

Según datos del Observatorio de las Finanzas Éticas, en 2011 había unos 575 millones de euros en depósitos y unos 600 millones en préstamos. Los modelos de intermediación financiera que se ofertan en el abanico de la denominada banca ética son distintos en sus orígenes y planteamientos pero coinciden en aspectos fundamentales: en lugar de la economía especulativa promueven la economía real en el entorno más cercano, practican la transparencia, ya que publican todas las inversiones, y orientan sus operaciones hacia los beneficios sociales y medioambientales.

Para ver el documental pinche aquí.

 

Vivir sin máscaras

Escrito por BORJA VILASECA 03/07/2011, para elPaís Semanal

Estamos tan condicionados para pensar y comportarnos de una determinada manera que en la sociedad actual ser auténtico es un acto casi revolucionario.

Se cuenta que un reconocido y anciano catedrático de psicología llevaba décadas investigando acerca de la epidemia de vacío existencial y de sinsentido vital que padecían la mayoría de seres humanos. Si bien solía proyectar ante los demás una imagen de seriedad y seguridad, en soledad reconocía sentirse triste y confundido. No acababa de comprender por qué, a pesar de seguir al pie de la letra todo lo que el sistema le decía que tenía que hacer para lograr éxitos y riquezas materiales, en el fondo de su corazón se sentía tan pobre y vacío.

Y así siguió hasta que una mañana entró en una concurrida cafetería y pidió una manzanilla. Seguidamente, la joven camarera cogió una bolsita prefabricada con una mano y un cuenco lleno de ramitas y hojas secas con la otra. Y muy amablemente le preguntó: “¿Cómo la quiere: normal o natural?”.

Sorprendido, el catedrático señaló el cuenco con hojas secas. Y mientras se estaba tomando la infusión, obtuvo la revelación que llevaba décadas buscando. Se abalanzó sobre la camarera y le dio un sonoro beso de agradecimiento. Entusiasmado, le dijo: “¡En esta sociedad lo normal no tiene nada que ver con lo natural!”. Y salió con una sonrisa de oreja a oreja, como si hubiera encontrado un tesoro.

La sociedad contemporánea se ha convertido en un gran teatro. Al haber sido educados para comportarnos y actuar de una determinada manera, en vez de mostrarnos auténticos, honestos y libres -siendo coherentes con lo que en realidad somos y sentimos-, solemos llevar una máscara puesta y con ella interpretamos a un personaje que es del agrado de los demás. Si bien vivir bajo una careta nos permite sentirnos más cómodos y seguros, con el tiempo conlleva un precio muy alto: la desconexión de nuestra verdadera esencia. Y en algunos casos, de tanto llevar una máscara puesta, nos olvidamos de quiénes éramos antes de ponérnosla.

Lo cierto es que algunos sociólogos coinciden en que en nuestra sociedad ha triunfado el denominado “pensamiento único”. Es decir, “la manera normal y común que tenemos la mayoría de pensar, comportarnos y relacionarnos”. Así, al entrar en la edad adulta solemos ser víctimas de “la patología de la normalidad”. Esta sutil enfermedad -descrita por el psicoterapeuta alemán Erich Fromm- consiste en creer que lo que la sociedad considera “normal” es lo “bueno” y lo “correcto” para cada uno de nosotros, por más que vaya en contra de nuestra verdadera naturaleza.

LA ELOCUENCIA DE LA VANIDAD

Dime de qué presumes y te diré de qué careces” (refrán popular)

A pesar del malestar generalizado, solemos priorizar el “cómo nos ven” al “cómo nos sentimos”. Tanto es así que para muchos la pregunta de cortesía “¿cómo estás?” supone todo un incordio. La mayoría nos limitamos a contestar mecánicamente: “Bien, gracias”. Y en caso de no poder escaquearnos, enseguida redirigimos la conversación hacia cualquier “charla banal”. Es decir, la utilizamos para fingir que nos estamos comunicando, cuando en realidad lo único que estamos haciendo es llenar con palabras un potencial silencio incómodo.

En este contexto social, algunos individuos ocultan sus miserias y frustraciones tras una fachada artificial que seduzca e impresione a los demás. La paradoja es que cuanto más intentamos aparentar y deslumbrar, más revelamos nuestras carencias, inseguridades y complejos ocultos. De hecho, la vanidad no es más que una capa falsa que utilizamos para proyectar una imagen de triunfo y de éxito. Es decir, la máscara con la que en ocasiones cubrimos nuestra sensación de fracaso y vacío. Si lo pensamos detenidamente, ¿qué es la “respetabilidad”? ¿Qué es el “prestigio”? ¿Qué es el “estatus”? ¿Qué tipo de personas lo necesitan? En el fondo no son más que etiquetas con las que cubrir la desnudez que sentimos cuando no nos valoramos por lo que somos.

En este sentido, ¿qué más da lo que piense la gente? De hecho, ¿quién es la gente? Nuestra red de relaciones es en realidad un espejismo. En cada ser humano vemos reflejada nuestra propia humanidad. Por eso se dice que los demás no nos dan ni nos quitan nada; son espejos que nos muestran lo que tenemos y lo que nos falta. La gente no nos ve tal y como somos, sino como la gente es. O como dijo el filósofo Immanuel Kant, “no vemos a los demás como son, sino como somos nosotros”. De ahí que la opinión de otras personas solo tiene importancia si nosotros se la concedemos.

DEJAR DE FINGIR

“La verdad que nos libera suele ser la que menos queremos escuchar” (Anthony de Mello)

Un leoncito apenas recién nacido se quedó rezagado y se perdió, pero un grupo de ovejas se cruzó en su camino y le adoptó como un miembro más de su rebaño. El animal creció convencido de que era una oveja, aunque, por más que tratara de balar, solo lograba emitir débiles y extraños rugidos; y por más que se alimentara de hierba, cada vez que veía a otros animales sentía el deseo de devorar su carne. Y por ello, a diferencia del resto de ovejas, que pastaban plácidamente, el felino solía estar angustiado y triste.

Los años pasaron y el animal se convirtió en un león corpulento y fiero. Y una mañana, mientras el rebaño descansaba a orillas de un lago, apareció un león adulto. Todas las ovejas huyeron despavoridas. Y lo mismo hizo el león que creía ser una oveja, que enseguida quedó a merced del león adulto. Nada más verlo, el león cazador no pudo evitar su sorpresa al reconocer a uno de los suyos. Y sorprendido, le preguntó: “¿Qué haces tú aquí?”. Y el otro, aterrorizado, le contestó: “Por favor, ten piedad de mí. No me comas, te lo suplico. Solo soy una simple oveja”. “¿Una oveja? Pero ¿qué dices?”. El león adulto arrastró a su camarada a orillas del lago y le dijo: “¡Mira!”. El león que creía ser una oveja miró, y por primera vez en toda su vida se vio a sí mismo tal como era. Sus ojos se empaparon en lágrimas y soltó un poderoso rugido. Acababa de comprender quién era verdaderamente. Y nunca más volvió a sentirse triste.

SEGUIR NUESTRA VOZ INTERIOR

“No dejéis que el ruido ahogue vuestra propia voz interior. Ella ya sabe lo que vosotros realmente queréis ser” (Steve Jobs)

No importa quiénes seamos, qué decisiones tomemos o cómo nos comportemos. Hagamos lo que hagamos con nuestra vida, siempre tendremos admiradores, detractores y gente a quien resultemos indiferentes. Pero entonces, si nuestras relaciones se sustentan sobre este juego de espejos y proyecciones, ¿por qué fingimos? Seguramente por nuestra falta de confianza y autoestima.

Para cultivar una sana relación de amistad con nosotros mismos, lo único que necesitamos es modificar la manera en la que nos comunicamos con nosotros a través de nuestros pensamientos. Solo así podremos aceptarnos, respetarnos y amarnos por el ser humano que somos, con nuestras cualidades, virtudes, defectos y debilidades. Lo demás son comentarios, ruido que hace la gente para no escuchar su propio vacío. Lo que está en juego es nuestra libertad para ser “auténticos”; convertirnos en quienes verdaderamente somos, siguiendo los dictados de nuestra propia voz interior. Eso sí, debido a las múltiples capas de cebolla con las que hemos sido condicionados, hoy día ser uno mismo es un acto revolucionario.

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