El hombre que plantaba árboles, de Jean Giono


Debes saber, me dijo Giono una vez, que en la vida hay momentos en que una persona tiene que salir y afanarse en busca de la esperanza. Entonces comenzó a clavar la vara de hierro en la tierra, abriendo agujeros en los que plantaba una bellota; luego rellenaba el agujero. Así plantaba robles. Le pregunté si aquella finca le pertenecía. Me repuso que no. ¿Sabía de quién era? No lo sabía. Suponía que era de propiedad comunal, o tal vez perteneciera a personas que no le daban mayor importancia. No tenía el menor interés en descubrir de quién era. Plantó las cien bellotas del día con sumo cuidado… Había plantado ya cien mil bellotas en tres años… Fue como si la creación floreciera en una reacción en cadena. A él tanto le daba; tenía la determinación de concluir su tarea con sencillez; pero de regreso hacia el pueblo vi que el agua manaba en arroyos que llevaban secos desde tiempos inmemoriales… Ha descubierto una forma simple de ser feliz.”

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