Máscaras: Reflejo de realidades


Escrito por: jose-carlos-ga-fajardo el 22 Jun 2010

Se utilizan en los ritos de muchos pueblos para expresar lo que las palabras no alcanzan. Las máscaras se danzan, pues el ritmo es el lugar de encuentro entre el tiempo y la eternidad. Es imposible acercarse al misterio sin el ritmo, y sin los pies descalzos. Por eso, se adornan las gentes, se pintan los rostros, cata el chamán el soma, y se abandonan en la ebriedad del frenesí que actúa como catarsis. Ciclo de nacer, vivir, morir y resucitar mediante símbolos visibles de realidades invisibles. Se trascienden los límites y, en plena libertad, se balbucea un lenguaje inédito.
Los no iniciados hablan de enajenación y hasta de extravagancia. Peores son las alienaciones que impone la sociedad entre globalizadores y globalizados.
Las máscaras no sirven para esconder el rostro, sino para ser muchos y a la vez el mismo. Sus rasgos de animales, de plantas, de nubes y de monstruos sirven para exorcizar y saberse otros, y para saberse uno, y para saberse todo. Las máscaras son espejos en los que se refleja la apariencia para que estalle en las mil aristas de la realidad oculta. Las máscaras no son buenas ni malas, hermosas ni feas; expresan el horror de la libertad aprisionada, de la inocencia perdida, que alumbrará una nueva inocencia: el despertar de lo más auténtico.
La ocultación tiende a la transfiguración, a facilitar el traspaso de lo que es a lo que se quiere ser, dimensión mágica de la máscara. La máscara equivale a crisálida de una nueva personalidad.
Algunos, muchos, hemos escogido ser yunque antes que martillo. Pero sacaremos chispas de los golpes que a diario caen sobre las gentes, sobre los pueblos y sobre un medio que no soporta más agresiones. Seremos ese grito, esas manos que se alzan, ese reflejo de una realidad trucada y que ya carece de sentido porque ha perdido su armonía.
Estas máscaras reflejarán la realidad que las culturas, los sistemas y los modelos han impuesto. Porque creemos que es posible la esperanza, nos echamos al camino abiertos a todos los vientos y a todas las suertes asumiendo riesgos porque, en tiempos de cambio, la rebeldía es una de las dimensiones fundamentales del ser humano. Hay urgencias esenciales. El indígena como realidad y metáfora del globalizado, el mestizaje deseable más que inevitable. Para que nuestros hijos no nos desprecien, porque pudiendo tanto nos atrevimos a tan poco.

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